16 de diciembre de 2005
LA HORA CERO DE LA ASAMBLEA
En las grabaciones telefónicas reveladas por la Asamblea Nacional,
los conspiradores hablan de acciones terribles, de aterrorizar al
gobierno, de “quince mil muertos”…
Pero a nadie asustan estos civiles y militares, listos para
venderse al extranjero que los ayude a robar y oprimir al pueblo.
Patriotas de Miami que matan estudiantes y campesinos desarmados, a
sus propios soldados y a muchachas menores de edad. Cobardes
físicos y morales que coordinaron, con empresarios y televisoras
privadas, las masacres del 11 de Abril y de Altamira. Siempre
negándose, escurriéndose, escondiéndose bajo las faldas de la Ley,
incapaces de dar la cara por convicciones que no tienen, su mayor
acto de valentía fue colocar una bomba bajo la camioneta de Danilo
Anderson y luego asesinarlo a distancia.
La excepción en esta galería de cobardes fue aquel que, viéndose
descubierto y rodeado, prefirió morir matando policías, sembrando
muerte en supremo homenaje al pensamiento social de su señora
madre, la ex Senadora y Ministra copeyana Haydé Castillo que aún
conserva la mueca de odio y desprecio con la que, hace años,
propuso al Congreso la instauración de la pena de muerte en
Venezuela. Para los pobres, claro.
Pan C: Operación Venezuela
A la Revolución Bolivariana no la pueden destruir los partiduchos
que se retiran de las elecciones, ni los torpes esbirros que sueñan
con degollar al pueblo, simples comparsas baratas y desechables
(como Simonovich, Forero, Vivas y Ortega) de un montaje más vasto.
No se trata ya de un proyecto civil con apoyo militar, sino lo
contrario: viene del Pentágono, con varios pasos. Aquí sólo nos
ocuparemos del primero, que estamos viviendo: desestabilización
política financiada desde el extranjero (por Washington y sectores
europeos) mediante la infiltración de las comunidades.
El objetivo de esta infiltración es sembrar desconfianza y explotar
nuestras debilidades, las contradicciones entre Poder Constituyente
y Poder Constituido, entre representados y representantes, entre la
base y el partido, entre Pueblo y Nación.
Podríamos resolver esas contradicciones si tuviéramos lo que nos
falta, lo que falta a revolución democrática: tiempo. Pero a
grandes males grandes remedios.
La Asamblea Nacional tiene la palabra
La urgencia actual es evidente para todos, desde el primero hasta
el último compatriota: unos proponen que la Asamblea “salga
al pueblo” y otros que “el pueblo entre a la
Asamblea”, lo que en el fondo no significa nada, salvo
reconocer las limitaciones de esa representatividad y la gravedad
del momento.
Si la Asamblea Nacional quiere salvar a la Quinta República y
salvarse ella misma, debe adoptar medidas drásticas y urgentes
como:
1) Modificar la vieja Ley de Partidos Políticos.
2) Poner fuera de la ley a toda Organización No Gubernamental (ONG)
no aprobada por la Asamblea Nacional.
3) Crear una supervigilancia del financiamiento externo a las ONGs
en Venezuela.
Cualquiera que venga a hablar aquí del “Derecho
Constitucional a organizarse con fines lícitos” etc., está
hablando del derecho a organizarse para un baño de sangre en
Venezuela. Debe impedirse el financiamiento de ONGs por parte de
aquellas agencias estadounidenses, oficiales o privadas, que tengan
antecedentes de participación en golpes de Estado, terrorismo o
genocidio, como son la NED, USAID, LINCOLN GROUP, BLACK WATER,
etc.
Nos amenaza el águila, no el cuervo. Vacilar es perderse.
Legisladores: ahora o nunca.
Fotos: Daniel Galli
Publicado por el Vespertino El Mundo, 15 de diciembre
2005
FAUSTO BERTONI