12 de diciembre de 2005
VENEZUELA: TAREAS PARA UNA ASAMBLEA NACIONAL
1
En Venezuela se da un caso único en el parlamentarismo mundial.
Cuatro días antes de las elecciones algunos partidos de opositores
llaman a la abstención. Menos de la mitad de los candidatos
opositores se retiran efectivamente: el electorado sin embargo no
elige ninguno de ellos. Toda la Asamblea Nacional queda integrada
por parlamentarios asociados al proyecto bolivariano. No hay que
dormir sobre los laureles: 75% de los votantes inscritos se
abstiene. Tampoco hay que compartir las especulaciones opositoras
de que tal inhibición la apoya: sería inexcusable la necedad de
abstenerse contando con un supuesto respaldo tan demoledor. Mucho
menos cabe cuestionar un Consejo Nacional Electoral al cual en diez
elecciones los observadores nacionales e internacionales no han
podido probar ninguna irregularidad significativa. Puesto a hacer
trampa, hubiera disimulado el índice de abstención. La oposición se
ha suicidado, o mejor, se ha aplicado la eutanasia, porque los
índices de votación por los candidatos que no se retiraron es
verdaderamente escuálido: el partido social cristiano COPEI, por
ejemplo, sólo recolectó unos seis mil sufragios en un universo
electoral de más de diez millones de inscritos.
2
¿Qué hace representativo a un parlamentario? Su preselección por
las bases sociales. Su reconocida trayectoria revolucionaria y obra
intelectual. Los sufragios que confirman el respaldo de la
comunidad que lo postuló. La trascendencia de las normas que
sanciona. La ausencia de estos factores anuló a los diputados
bipartidistas. El proyecto bolivariano debe evitar seguir el mismo
camino. Para diferenciarse no sólo es indispensable sancionar la
tan postergada Ley de Participación ciudadana, también predicar con
el ejemplo. A tales candidatos, tal convocatoria.
3
Las revoluciones rompen las cadenas de la legalidad
contrarrevolucionaria para imponer la propia. La bolivariana se ha
dado el lujo de respetar escrupulosamente la camisa de fuerza de la
legalidad heredada sin usar sus mayorías mas que para retocarla,
cuando no para reforzarla con alguna ley retrógrada. Para
consolidar su legitimidad, una asamblea revolucionaria debe
sancionar leyes revolucionarias. Al pájaro se lo conoce por el
canto y al legislador por sus leyes. O se los desconoce.
4
Tres tareas enfrenta la Asamblea Nacional: crear el marco
institucional para la Revolución; convertir el Estado en
instrumento revolucionario, y articular el sistema normativo para
protegerlo fortaleciendo y ampliando el sistema de defensa. A veces
deberá recurrir a reformas constitucionales, que debatiremos
posteriormente.
5
Legislar para una Revolución es sentar definiciones categóricas
sobre la propiedad de los medios de producción y sobre las
relaciones de producción. Lo primero significa recuperar los
derechos y bienes de la República sometidos a rebatiña. Ante todo,
dominar plenamente la industria de los hidrocarburos. Inexplicables
lagunas constitucionales reservan a la República sólo la industria
de los hidrocarburos líquidos. Las leyes patrióticas deben extender
esa reserva a la industria de los hidrocarburos gaseosos y los
sólidos, que también son hidrocarburos, y propiedad de la Nación.
Otro incomprensible vacío constitucional omite exigir que PDVSA
tenga siempre la mayoría accionaria y por tanto el control de sus
empresas subsidiarias y filiales. La ley debe prevenir que la
proliferación de subsidiarias en las cuales la Nación tenga
participación minoritaria se convierta en subterfugio para la
privatización de PDVSA. Del dominio de los hidrocarburos depende el
futuro del mundo, pero también el del proceso bolivariano. La
oposición desapareció del mapa político porque en todos sus
proyectos preveía la privatización de PDVSA. Hay que arrancar de
raíz las leyes que dejen abierta tal tentación para los
administradores futuros.
6
Un parlamento revolucionario debe recuperar los bienes de Venezuela
para todos los venezolanos. Revertir privatizaciones
inconstitucionales de bienes del dominio público, como la de las
salinas de Araya, entregadas por el gobernador Ramón Martínez
Abdelnour a una transnacional. Sepultar definitivamente proyectos
como el de la infame Ley Orgánica de Hacienda Pública Estadal, que
pretendía privatizar lagos, ríos y lagunas y autorizar a los ricos
a inmunizarse contra los impuestos por contrato. Proteger ambiente,
recursos naturales y biodiversidad contra el desenfrenado saqueo
que los aniquila. Ampliar, y no restringir, las funciones
económicas del Estado. Dotarlo de competencias para desarrollar un
parque de industrias básicas y estratégicas y para recuperar los
sectores económicos donde la gestión privada es insuficiente o
incapaz. Restringir, y no ampliar, los límites de la concentración
de propiedad en materias tales como el latifundio, la industria y
los monopolios de distribución de bienes y de comunicación. Fijar,
y no ampliar, los límites de la inversión extranjera en áreas
estratégicas como la explotación de recursos naturales, la
especulación bancaria y financiera, las comunicaciones y servicios
públicos tales como generación y la distribución de electricidad.
Crear marcos legales operativos y practicables para la efectiva
participación ciudadana y para la gestión de formas de propiedad
comunitaria tales como cooperativas y microempresas.
7
Con la recuperación de los medios productivos se deben restaurar
relaciones de producción dignas. Casi un sexenio ha pasado sin que
ninguna ley devuelva las prestaciones arrebatadas por la CTV y
Fedecámaras y restituidas por la Constitución. Se requieren normas
que prohíban y sancionen el ocultamiento de la relación de trabajo
y del salario bajo figuras tales como las maquilas, la
subcontratación con supuestas microempresas, las remuneraciones
flexibles y los empleos a prueba. Nuevas normas deben reconocer el
estatuto laboral y los derechos de quienes colaboran en las
misiones.
8
Para modificar propiedad de los medios de producción y relaciones
productivas hay que reformar el Estado, que es reconstituir la
República. El bipartidismo desmanteló Venezuela mediante la
anarquía federal secesionista que multiplicó municipios y entes
innecesarios e inviables. Bajo la bandera de la descentralización
el Estado se desintegró en miríadas de institutos, corporaciones,
fundaciones y empresas incontrolables, y los estados crearon
ejércitos propios con el nombre de policías locales, cancillerías
particulares con el carácter de delegaciones; sistemas judiciales,
de timbre fiscal y papel sellados incompatibles, y poco faltó para
que siguiendo dictados del Banco Mundial crearan sistemas
educativos con programas distintos.
9
El Estado debe ser reestructurado para cumplir con las funciones
que no cumple y que desempeñan las Misiones; las Misiones deben ser
institucionalizadas, integradas y sometidas a regímenes
transparentes de auditabilidad y control que les eviten degradar en
la inoperatividad de gran parte del Estado. Para ello hay que
arrancar el sistema tributario de los esquemas del Consenso de
Washington que imponen el IVA y los tributos recesivos; hacer pagar
impuestos a los extranjeros inmunizados por los tratados contra la
doble tributación; adecuar el sistema educativo a las necesidades
reales del país. Nuevas normas penales deben acorralar los delitos
de los pudientes: la corrupción, la legitimación de capitales, la
promoción de garitos y casinos.
10
Venezuela fue, es y será atacada con intensidad directamente
proporcional a sus riquezas y a la radicalidad con que las
defendamos, y debe ser defendida con energía que supere esa
agresión. En el orden interno, con leyes de seguridad. En el orden
externo, con normas que complementen la preparación para la guerra
convencional con tácticas de resistencia civil y guerra
asimétrica.
Ahora que disponen de unanimidad, la única excusa de los
parlamentarios bolivarianos para no hacer la revolución sería el
propio sabotaje
LUIS BRITTO GARCÍA