8 de diciembre de 2005
EL TRAJE NUEVO DEL PRESIDENTE BUSH
La agresiva política exterior de Bush no admite la comparación
(grata a la izquierda) con la Alemania nazi, porque ni Hitler ni
sus familiares eran accionistas de las industria militar. Ni puede
compararse con el imperialismo clásico, que imponía intereses de
empresas estadounidenses en algunos países. La política extranjera
de Bush es el negocio de vender "protección" y asegurarse que la
gente comprenda que necesita ser protegida: el mundo como
"gangland" (tierra de pandillas), la mafia a escala planetaria.
El daño relativo que Bush causa a los países que sufren sus
agresiones y amenazas es poco, comparado con el daño absoluto que
le hace a los Estados Unidos, al destruir toda esperanza de "libre
mercado" con un mínimo de democracia y derechos humanos, de
"globalización" con un mínimo de respeto por las otras
naciones.
Los pies de barro de Mister Danger
Violando el principio del libre contrato entre iguales, piedra
angular de la “civilización occidental”, Bush renuncia
a la hegemonía basada en la supremacía económica y cultural, a
favor del dominio basado en la supremacía militar, la coacción.
Pero quien renuncia a ser respetado para ser temido, sólo consigue
ser odiado.
El punto débil de este fundamentalismo “cristiano”, que
admite el ataque preventivo, es que mientras pierde aliados y
acumula enemigos necesita violar la Constitución de los Estados
Unidos para poder controlar la disidencia interna en el
“frente doméstico”. Erosiona la base política de su
poder.
Hablas Fuerte porque eres impotente
El fracaso de la política latinoamericana de Bush no consiste
únicamente en el rechazo del ALCA por el Mercosur que (aún sin
Venezuela) maneja el 75% del Producto Interno Bruto (PIB) de la
Región, ni en la desestabilización de las democracias locales,
favoreciendo la aparición de conflictos armados y dictaduras, que
requerirán mucho más que mercenarios criollos apoyados por fuerzas
de élite estadounidenses.
Bush fracasa en América Latina porque no ofrece ni da nada. Sólo
interesa a las minorías lacayas que pagarían por venderse, como la
oposición venezolana que boicoteó las recientes elecciones, minoría
siempre dispuesta a regalar el país a quien lea ayude a oprimir al
pueblo. Como Juan Vicente Gómez, como la Cuarta República, como
aquellos que desguazaron, fundieron y vendieron
(“privatizaron”) Argentina, Bolivia o, sin ir más
lejos, VIASA.
El mito de Maria Corina Lewinsky
¿A dónde podría llegar la política exterior de una potencia que
tiene que creer y hacer creer, por ejemplo, el mito de que son
“líderes” quienes firmaron el Acta de Carmona? Más bien
parece una refinada astucia de Chávez fingir que semejantes
esperpentos pueden tener derechos políticos, para que así roben el
espacio a una oposición más efectiva.
La política imperial es incompatible con la democracia, porque un
pueblo medianamente informado jamás votará por sus verdugos. Por
eso el Imperio prefiere el término consenso: un acuerdo entre
lacayos “legitimado” por los medios de comunicación,
mientras la mayoría es censurada por la fuerza como en abril 2002.
¿Acaso cree Bush que, a cuenta de democracia y legalidad, nos vamos
a calar el vómito negro de las televisoras privadas hasta el año
3000? ¿Que seguiremos sometidos a ese Cuarto Poder al que ningún
otro poder controla, y que así viola la esencia de la doctrina
constitucional?
Publicado por el Vespertino EL MUNDO, 08 de Diciembre 2005.
FAUSTO BERTONI