Internet no es nuestro territorio
José Roberto Duque
Que internet sea objeto de controles tiránicos no es de extrañar. Uno lee a ciertos camaradas protestando contra la Ley SOPA y es evidente que parece olvidársele cuál es el origen de este territorio donde nos acostumbramos a navegar con una sensación parecida a la libertad: el germen de internet fue una herramienta militar del Pentágono que, luego de unas pruebas y observaciones, se convirtió en mercancía masiva. A los sacacuentas gringos les fue fácil determinar que ese instrumento era más atractivo como negocio planetario que como artilugio bélico que probablemente no se iba a necesitar nunca, y esa es la razón por la cual ustedes y yo nos la pasamos ahora sentados frente a una computadora.
¿Es de Perogrullo, básico y casi infantil ese recordatorio? Lo es. Pero más infantil es la actitud de un poco de compas, políticamente claros, sorprendidos y adoloridos porque el capitalismo inventó algo y no se lo regala a la gente, sin condiciones ni restricciones. Internet no es (aunque lo parezca) patrimonio de los ciudadanos del mundo sino un territorio controlado por corporaciones. Internet no es un invento de ciudadanos libres, libertarios y promotores de la emancipación humana: internet es un artilugio capitalista y siempre va a estar controlado por sus dueños y creadores capitalistas. Internet no es un territorio “nuestro”; es una herramienta del enemigo de la que nosotros somos clientes y usuarios, nunca sus controladores. En un partido donde el enemigo controla a los árbitros, a las pelotas, los bates, el público y la iluminación, no hay mucho que hacer. O hay mucho que hacer, pero no vale la pena.
Ahora, lo verdaderamente molesto de la Ley SOPA es el empeño en hacer que la gente pague por escuchar música, descargar aplicaciones y herramientas que no deberían ser mercancía sino bienes para que el ser humano los use y difunda con plena libertad. Pero los únicos que pudieran decidir que sus obras circulen libremente sin restricciones son los "creadores" que decidieron hacer negocio con "su" música, "sus" libros, "sus inventos". A esos es a quienes hay que interpelar. Si hubiera un movimiento mundial de músicos y creadores capaces de decir: “La música que hago no es una mercancía, tómela cualquiera y haga con ella lo que le dé la gana”, no tendrían los capos de internet ni de ningún Gobierno razones para seguir restringiendo nada. Pero estamos rodeados de “músicos profesionales” y a esa fauna sólo le interesa ganarse una plata por sus creaciones.
La otra fantasía consiste en querer hacer de Anonymous el héroe multitudinario y anticapitalista por excelencia, cuando sólo es otra creación del capital y de la élite internet. Que entre élites luches y se incomoden siempre es un espectáculo agradable, pero Anonymous no es un aliado de la lucha de los pueblos. Es apenas el héroe de un puñado de bichos de clase media y la piedrita en el zapato de algunos Gobiernos y hegemonías.
José Roberto Duque