6 de diciembre de 2004
Comunicado
MCI RESPONDE A LA SOCIEDAD INTERAMERICANA DE PRENSA
Comunicado oficial del Ministerio de Comunicación e Información
ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)
El Ministerio de Comunicación e Información de la República
Bolivariana de Venezuela, ante las frecuentes falsedades emitidas
por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en relación a la
situación de la libertad de expresión en nuestro país, se ve
obligado a responder ante la opinión pública nacional e
internacional.
Desde su fundación, a mediados del siglo pasado, la SIP se ha
convertido en el sindicato defensor de los intereses empresariales
de la comunicación en América. Es necesario que el pueblo
venezolano sepa que la SIP no agrupa a periodistas, ni a
trabajadores de los diarios, sino a los dueños de periódicos del
continente. Es decir, la SIP fue creada con el único y primordial
objetivo de defender los intereses económicos y políticos de los
propietarios de los medios impresos, aunque con frecuencia, gracias
a la estructura mediática sobre la que opera, la SIP usurpa la
representación de los trabajadores de la comunicación.
Por lo tanto, cuando la SIP habla de "amenazas a la libertad de
expresión", habla por boca de aquellos intereses empresariales que
se sienten amenazados cada vez que, en algún país de América, un
gremio de periodistas, una asociación de usuarios o un Gobierno,
propone regulaciones democráticas al poder omnímodo que ejercen los
propietarios de esos medios. Basta recordar sus posturas en el
pasado, cada vez que en Venezuela se habló de la Ley de Ejercicio
del Periodismo, o del proyecto de reforma constitucional que
buscaba imponer el derecho a réplica. En ambos casos, la SIP tildó
dichas iniciativas como "Ley Mordaza", exactamente como hace ahora.
Se trata, pues, de los mismos argumentos, el mismo lenguaje
engañoso, los mismos despropósitos en boca de los mismos
actores.
La SIP forma parte, hoy en día, de un conjunto de grupos de presión
que, bajo la fachada mediática de promover las "libertades" en el
mundo, esconde de manera cínica la defensa del interés corporativo
de la prensa escrita privada, sus privilegios económicos, sus
políticas editoriales, y hasta sus proyectos políticos e
ideológicos.
En consecuencia, el sello empresarial de sus posturas, se expresa a
través de una lectura sesgada de la realidad venezolana. Pretende
confundir a la opinión pública, queriendo vender como libertad del
pueblo venezolano, lo que son las prerrogativas de poder de sus
miembros. Hacen apología y claman por una libertad que no practican
en sus periódicos, en los cuales de manera sistemática se censura,
se lesiona la verdad, se limita al acceso y la participación de los
lectores, y se atropella a los periodistas que no acatan las líneas
editoriales.
De allí que sus expresiones descalificadoras con respecto a la Ley
de Responsabilidad Social en Radio y TV (Ley Resorte)
-recientemente aprobada en la Asamblea Nacional- no pueden
considerarse sino como la posición de un sector de los dueños de
algunos periódicos y empresarios de la comunicación, y no como una
posición de quienes, como los periodistas, reporteros gráficos,
camarógrafos, editores, lectores y usuarios, entre otros, son los
actores principales del proceso comunicacional.
El Estado venezolano no puede legislar para un sector, por muy
poderoso que éste sea; el Estado está obligado a legislar, en el
marco de las competencias establecidas en la Constitución, para
procurar el bienestar y el interés colectivo. Por más éxitos que
esta estrategia les haya dado en otros países, debemos decirles con
toda firmeza que el cabildeo y la presión mediática de la SIP, no
funcionarán sobre la estructura democrática del Estado
venezolano.
Es falso, como sostienen los empresarios de la SIP, que la Ley de
Responsabilidad Social en Radio y TV estimule la censura previa o
amenace en alguna forma el ejercicio periodístico y, en general, el
libre flujo de información. Antes bien, la Ley Resorte reafirma la
libertad de expresión, sin censura, y el libre flujo de
información, así como promueve el derecho del pueblo a una
información oportuna y veraz.
La Ley es un instrumento de la sociedad venezolana para promover,
tal como manda la Constitución Bolivariana, y en sintonía con
muchas leyes y normativas de medios en el mundo, la asunción de
responsabilidades ulteriores para quienes disfrutan del uso de una
concesión sobre el espacio radioeléctrico, patrimonio de todos los
venezolanos. Los medios de comunicación ejercen una inmensa
influencia y un tremendo poder, y deben ejercerlo con
responsabilidad hacia la sociedad.
Al establecer la responsabilidad como contrapartida fundamental a
la libertad individual y, sobre todo, la libertad mediática
empresarial, se estimula un equilibrio democrático del sistema de
la comunicación social. La voz de unos pocos, de una élite, debe
dar paso a un espacio plural de muchas voces, de visiones diversas,
de criterios alternativos.
La Ley Resorte tiene como uno de sus ejes centrales la defensa de
los derechos comunicacionales de los niños, niñas y adolescentes.
La lucha contra la basura televisiva, expresada en los contenidos
de violencia, procacidad, pornografía y abuso del lenguaje, a
través de una dignificación cultural y pedagógica de la
programación radioeléctrica, es una añeja exigencia de la sociedad
venezolana, ratificada recientemente por altos voceros de la
jerarquía católica, pero también es una sentida demanda de
educadores, madres y padres, organizaciones no gubernamentales y
sectores académicos del país.
La SIP no puede probar ninguna de sus vagas afirmaciones. Se
refugia en un discurso deliberadamente ambiguo sobre la supuesta
defensa de "la libertad", discurso que desprecia el valor de la
participación democrática que se abre con la ley, y omite
pronunciarse sobre los derechos de los más pequeños. Nuevamente,
incurre en el conocido exceso, que ya se está haciendo práctica por
parte de estas instituciones títeres de la globalización, de
inmiscuirse de manera abusiva en un debate democrático, hecho a la
luz del más amplio respeto a la libertad de pensamiento, como el
que existe hoy en Venezuela.
No es ciertamente la primera vez que la SIP arremete contra los
venezolanos. Ya lo hizo en abril de 2002, cuando avaló el golpe de
estado y nada dijo sobre el black out informativo de los canales
privados el 13 de abril, ni sobre el cierre de emisoras públicas
durante la ofensiva mediática contra la Constitución y el Gobierno
legítimo de Venezuela. El Gobierno y el pueblo venezolano no
esperamos nada, ni pretendemos el desprestigiado aval de un lobby
tan carente de autoridad moral y legitimidad como es la SIP, pero
sí exigimos respeto hacia nuestro proceso y nuestro instituciones
democráticas.
Seguramente la SIP ganaría algo de consideración entre los pueblos
americanos si se le viera preocupada por los 11 periodistas
detenidos en los EE.UU por haberse negado a revelar sus fuentes, un
caso que el mismo diario The New York Times ha calificado como un
atentado contra la Primera Enmienda de la Constitución de los
Estados Unidos. Sería bueno saber qué opinan los jefes de la SIP,
aquellos que fungieron de censores en dictaduras militares del Cono
Sur, así como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y
"Reporteros Sin fronteras", sobre la atroz persecución judicial
desatada contra los periodistas en países como los EE.UU. La SIP
ganaría al menos la atención de los pueblos si se decidiera a hacer
cumplir sus propios códigos de ética y sus manuales de estilo,
redactados por periodistas bien intencionados, y violados
sistemáticamente por los dueños de esos mismos diarios.
El Gobierno soberano de la República Bolivariana de Venezuela
ratifica su compromiso con las libertades públicas y los derechos
comunicacionales del pueblo, derechos colectivos que siempre -como
mandan los tratados sobre Derechos Humanos en el mundo- tendrán
preeminencia sobre la libertad particular de alguna persona o
grupo.
Con la Ley de Responsabilidad Social en Radio y TV empezamos a
construir y a ejercitar derechos y libertades individuales y
colectivas, que abrirán sin duda el cauce a un nuevo orden
comunicacional en Venezuela, un orden democrático, plural,
participativo y protagónico.
MCI