30 de enero de 2012
Entrevista a Oscar Schemel, Director de Hinterlaces
"Comprar el resultado de una encuesta sería una estupidez"
—Alguna gente dice: “esas encuestas son chimbas porque a mí, en 40 o 50 años, nunca me han entrevistado”…
—A mí tampoco, creo que una vez, cuando estaba chamo, tocaron la puerta para preguntarme qué canal estaba viendo…
—Entonces, ¿a quién entrevistan ustedes?
—Bueno, nuestras muestras son de entre mil 300 y mil 500 entrevistas, suficientes para el universo de 18 millones personas mayores de 18 años inscritas en el Registro Electoral. Hacemos encuestas con entrevistas en hogares. Hacemos estudios cualitativos con focus group, que revelan lo que realmente piensa la gente. Se dice que la encuesta es una fotografía y el estudio cualitativo es una tomografía porque no revela sólo las intenciones de las personas, sino sus interpretaciones, emociones, significaciones. Y tenemos las encuestas telefónicas, que alguna gente descalifica porque creen que uno agarra una guía telefónica y escoge números al azar. No es así, son bases de datos estratificadas y un programa que selecciona la muestra.
—También se dice que la encuesta la gana quien la paga. ¿Alguna vez han tratado de comprarle una?
—Eso sería una estupidez porque comprar una encuesta es botar los reales, las encuestas no impactan sobre la opinión pública, no cambian la decisión del elector o consumidor. Son fuentes de información para validar o construir una estrategia o un mensaje. Quien piense que comprando una encuesta va a cambiar el curso de la historia es un imbécil.
—¿Y no ha le ha tocado ningún imbécil?
—Sí, una sola vez, un imbécil insinuó cambiar un resultado. Como no me había pasado, yo no entendía la vaina. Me dijo, con estilo de matraquero: “bueno… ¿y qué podemos hacer?”. Y aunque debía 50% del trabajo, le dije: “No, vale, deja eso así, no me debes nada”. Y salí corriendo.
—Pero ¿sí hay encuestadoras que venden resultados?
—Debe haber, no me consta. La mayoría de las encuestadoras venezolanas son serias, profesionales, científicas, rigurosas. Los que más dicen que las encuestas son compradas son algunos opinadores que parecen unas lavanderas chismosas.
—¿Ha perdido muchos amigos últimamente?
—Me da mucha pena porque los que hablan de unidad, de reconciliación, de respeto, de tolerancia son los que te descalifican, te irrespetan, te acusan de tarifado. La oferta de la oposición se debilita cuando el país siente que de llegar al poder se van a convertir en perseguidores, en verdugos.
—¿Cuáles han sido el mejor y el peor momento del Presidente en los últimos años?
—El más bajo en valoración de su gestión fue a principios de 2010, cuando bajó a 39%. Luego ha venido creciendo sostenidamente y hoy tiene 64%. Todas las encuestadoras, las que revelan sus resultados y las que no, coinciden en que la valoración positiva de gestión ha crecido. Parte de ese avance es producto de mejoras objetivas en la gestión, pero otra parte tiene que ver con la convicción de que Chávez es bueno, se preocupa por los pobres, es humanitario, tiene buenas ideas y proyectos. Esa conexión popular lo favorece incluso en sus momentos malos de valoración de la gestión.
—¿Es algo nuevo o siempre ha sido así?
—En nuestros estudios descubrimos ese fenómeno en 2003. Comprobamos que su liderazgo es afectivo. Algunos pretendieron burlarse. Un periodista en televisión me preguntó en tono irónico: “¿Entonces, eso es amor?” y yo le respondí: “Sí, es amor”. Y resulta que ese el componente clave del liderazgo del Presidente.
—La propuesta socialista tiene apoyo, pero ¿han cambiado en algo los hábitos de consumo, muy capitalistas, de la gente?
—No, el venezolano sigue siendo muy aspiracional, muy liberal, muy pequeñoburgués. Pero sí ha habido cambios en su cultura política. La cultura liberal dominante fue impactada por las nuevas ideas socialistas de Chávez, pero lo que se está produciendo no es una hegemonía de una u otra, sino una síntesis. Por ejemplo, el venezolano apoya a la empresa y la propiedad privada y es consumista, pero valora la igualdad, no como que todos deben tener lo mismo, sino que el de arriba me respete y yo tenga oportunidades. Es una nueva cultura popular nacional.
—¿En qué sentido es nueva, porque esa cultura también serviría para explicar, en buena medida, la hegemonía de Acción Democrática durante medio siglo?
—Es nueva en el sentido de que el país que ha madurado democráticamente, la política no es un tema de élites. Puede que esas ideas hayan existido, pero hoy están formado, claramente, una nueva visión de país.
—Usted ha dicho que las propuestas de la oposición no tienen alma. Dicho así parece un problema sin solución porque ¿dónde se compra un alma?
—También dije que parece un jardín sin flores, je, je. Recuerdo una marca de automóviles que fue mi cliente. La gente la valoraba por el motor, la caja, la carrocería, pero nadie decía nada afectivo de ella. Les recomendamos repensarse para ser una marca más emotiva, más humana y tuvieron mejores resultados. La oposición tiene buenas ideas, pero son instrumentales, no sostienen una visión de país, no tienen un marco de valores. Son promesas programáticas que no apasionan, no entusiasman.
—¿Puede haber un cambio en esas tendencias?
—Creo que se van a mantener porque la oposición tiene dificultades para entender que está surgiendo un nuevo venezolano, que los pobres no necesitan sólo certezas materiales sino espirituales, existenciales y clasistas. Necesitan que les garanticen que no van a ser humillados y despreciados como lo fueron, indudablemente, antes de la llegada de Chávez, cuando las élites y su sistema de partidos se insensibilizaron y los olvidaron.
Los pobres no existían
Oscar Schemel ha estudiado un poco de sociología, periodismo, opinión pública, mercadeo electoral y comunicación política. También a Marx y a Gramsci. “No es una mezcla, sino una síntesis”, comenta riendo porque el término (síntesis) también tiene impronta marxista.
Esa formación ideológica heterodoxa le permite trabajar, en su empresa Hinterlaces, con clientes corporativos que compiten por mercados en el más salvaje de los capitalismos. Y, al mismo tiempo, le permite comprender la mentalidad de la gente común, en especial la de los pobres.
Ha tratado de explicarles a los dirigentes opositores cómo se conecta el liderazgo de Hugo Chávez con el imaginario popular, pero se resisten tenazmente a entender. “Una señora, en un focus group, nos dijo: ‘Los pobres antes no existíamos, ahora tenemos esperanzas’. Para mí, ahí está la clave que la oposición no entiende”.
En la más reciente medición de su firma, el Presidente registra 64% de valoración positiva de gestión y 51% en intención de voto, lo que le daría una ventaja de 16 puntos porcentuales sobre el candidato opositor (que, según el mismo sondeo, sería Henrique Capriles Radonski). Al difundir estos resultados, una auténtica jauría mediática se abalanzó sobre Schemel. “Hasta hace tres o cuatro meses éramos los consentidos de ciertos programas de televisión porque acertamos en las parlamentarias (en 2010). Hoy, de la manera más grosera e irrespetuosa, dicen que nos compró el chavismo”.
CLODOVALDO HERNÁNDEZ ESPECIAL PARA CIUDAD CCS