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Caracas, 9 de febrero de 2012
26 de febrero de 2009
Aquel Gobierno fue enemigo del pueblo el 27F
Una documentalista, Lilianne Blaser; un empleado administrativo de una empresa de valores; César Mejías y un obrero, Carlos Carrasco; fueron protagonistas de "El Caracazo" en diferentes circunstancias, pero sometidos a los mismo peligros de la ola represiva que desató el Gobierno de Carlos Andrés Pérez
Por: Marcos Medina 

Luego de 20 años, “El Caracazo” mantiene su vigencia en la memoria de los venezolanos y desde distintas ópticas, cada protagonista o testigo de ese suceso tiene su propia historia.

Una mirada profunda
La documentalista Lilianne Blaser vivió esos hechos detrás de una cámara y protagonizó lo que cataloga como “una retaliación” de un Gobierno que, a través de la fuerza y el hostigamiento, reprimió a un pueblo golpeado por las fuertes medidas económicas dictadas por el entonces presidente de la República Carlos Andrés Pérez.

Blaser relató como al salir a las calles de aquel 27 de febrero, la ciudad capital mostraba un aspecto semejante a las calles de Beirut, en el Líbano, luego de los bombardeos militares.

“Al principio lo que grabamos fue las pocas cosas que quedaban sin destruir, las personas saqueando, también estuvimos en la calle al momento en que suspendieron las garantías y nos dimos cuenta que lo que estaba ocurriendo era realmente fuerte”, reseñó.

En opinión de Blaser, el 27 de Febrero fue una explosión social, pero a su vez se convirtió en el despertar de un pueblo, al darse cuenta que quien estaba en contra de su integridad era el Gobierno Nacional, que adoptó la posición de enemigo

Según su criterio, “El Caracazo” fue un episodio clave que determinó el final de la IV República, “era una especie de clamor, uno sentía que había una fisura muy grande en aquellos gobiernos y que se agrandó con la mortandad de esos días. La situación empeoró cuando el Estado intentó ocultar una realidad al argumentar que todo estaba en calma, que sólo había unos 300 muertos, cuando la cifra superaba los 3 mil”.

Asimismo, la documentalista explicó que luego los medios de comunicación intentaron desvirtuar la realidad, “al final de la semana hubo un cambio de temática. Primero se mostraron los saqueos y las manifestaciones; después hubo un silencio mediático que se compaginó para desarrollar una campaña que culpabilizaba al pueblo con las cosas que habían ocurrido y así justificar la necesidad de orden”, destacó.

Era necesario que ocurriera el 27F
A César Mejias, empleado administrativo de una empresa de valores, le tocó ser protagonista de “El Caracazo”, desde el lado de quienes usaron el saqueo popular como mecanismo de protesta ante los atropellos de un Gobierno que obedecía servilmente a los designios del Fondo Monetario Internacional, sin tomar en cuenta las necesidades de la población

El 27 de Febrero de 1989 era un desempleado que residía en el sector Carapita de Caracas. Formaba parte del gran número de personas afectadas por la grave crisis económica de esos días y a sus 20 años de edad, en un acto de desesperación, bajó del cerro a buscar alimentos para su hogar. Recordó que no había dinero ni para comer.

“En esa época no había empleo, era una crisis económica brutal, por eso la gente salió a saquear. En la calle los caraqueños parecían hormigas detrás un dulce”, explicó.

Mejías comentó que en medio de la conmoción social, muchos miembros de las fuerzas de orden público se sumaron a los saqueos. Policías y fiscales de tránsito, por sólo citar dos instituciones, utilizaron los vehículos de trabajo para realizar esas acciones, que en muchos casos se convirtieron en vandalismo, al asaltar locales para hacerse con electrodomésticos y licores.

Consideró que el acaparamiento de alimentos fue otro de los detonantes “no había azúcar, leche, ni café en los mercados, pero en los almacenes si existían cantidades exageradas de estos rubros acaparados. Yo fui con varios vecinos a una fabrica cafetalera en La Yaguara y encontramos toneladas de alimentos, que nos robamos y los compartimos con la comunidad”, señaló.

Disparen y después vean
Calificó de asesina la actividad que realizaron la Policía Metropolitana y la Guardia Nacional, que al tercer día dejaron de dispersar para agredir con armas de fuego, “la orden era disparen a matar, disparen y después vean”.

Relató que en sectores como Carapita, la población tuvo que escudarse detrás de contenedores de basura ante los ataques de balas y tanquetas, que sólo tenían la misión de reprimir al pueblo caraqueño.

“Con la suspensión de las garantías mucha gente también aprovechó para ajustar cuentas. No existía quien castigará y los cuerpos policiales también efectuaron este tipo de anarquía. Era un pueblo sin ley, sin limite”, aseguró.

Ese día cambió el rumbo de la política
En opinión de Mejias, los principales perjudicados de los coletazos del paquetazo fueron los sectores populares, sin embargo considera que su repercusión fue vital para despertar al pueblo venezolano y entender la situación crítica por la que atravesaba el país, por las malas decisiones de los dirigentes de la Cuarta República.

“Era necesario que ocurriera, ¿por qué hasta cuando íbamos a seguir así? El dinero no alcanzaba, el puntofijismo estaba destrozando a nuestro país”, enfatizó.

Afirmó que una situación como la vivida en 1989, no se podría repetir en la actualidad, “hoy en día contamos con un Gobierno que si responde y se preocupa por los intereses de quienes tienen menos”.

El recuerdo adulto
La salida de clases el 27 de febrero de 1989 fue distinta a la de otros días. Carlos Carrasco, de 13 años de edad y estudiante de segundo año de educación secundaria para el momento, recordó veinte años después como sucedieron las cosas. Narró que él y sus compañeros notaron que las cosas no marchaban bien y comenzó lo que llamó “un día espeluznante”.

“Nos fuimos caminando hasta El Valle. Allí observamos que todo el mundo estaba saqueando, vecinos, policías; abrían las puertas de panaderías, farmacias, licorerías, y polleras”, rememoró Carrasco.

Relató que en medio de la desesperación y el desorden, las personas corrían de un lado a otro, subiendo los cerros de los barrios adyacentes y la policía arremetía contra los ciudadanos, disparando a mansalva. Destacó que durante los siguientes días el atropello de las fuerzas del orden público fue exagerado, sin justificación en muchos casos.

“Al día siguiente, como no había clases por la suspensión de las garantías, estábamos jugando béisbol. Había vecinos en la azotea de nuestro edificio de las Residencias Longaray, en El Valle, observando las manifestaciones y, en un abrir y cerrar de ojos, soldados montados en un tanque dispararon no sólo a los que estaban en la azotea, sino al edificio entero”.

Carrasco agregó que aún se puede apreciar fácilmente los impactos de bala en la estructura del edificio. Asimismo subrayó que esa experiencia ha sido una de las más “aterradoras” de su vida y que en su entorno afortunadamente no hubo muertos, pero sí muchos heridos de gravedad.

Huellas maduras
Carlos Carrasco tiene actualmente 33 años de edad y cree que lo que ocurrió en 1989 es difícil de olvidar. Ese año su corta edad no le permitió comprender con claridad la gravedad de los hechos. Fue en la adultez cuando entendió el por qué de “El Caracazo”.

“Yo le doy la razón al pueblo, tenía miles de motivos para salir a saquear, estaba pasando hambre y por eso bajaron los cerros”, aseguró. 

prensa@minci.gob.ve
Prensa MinCI
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La documentalista Lilianne Blase cree que el 27F abrió caminino para la Revolución Bolivariana
Foto: Luis Laya
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Para César Mejías era necesario que el 27F ocurriera
Foto: Luis Laya

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