The New York Times ataca Venezuela con cifras falsas de muertes en Iraq
El rotativo tuvo que publicar réplica de un profesor residenciado en el país.
En cinco años de ocupación de Iraq por parte de tropas estadounidenses, un millón 200 mil ciudadanos murieron, pero para el diario tal cifra no existe.
El más reciente ataque de The New York Times contra Venezuela se sostiene en argumentos tan endebles como la cifra de muertes del invadido Iraq, durante el año 2009.
Según el artículo del diario estadounidense del lunes 23 de agosto: “Venezuela, más mortífera que Iraq”, en la nación árabe hubo cuatro mil 644 muertes de civiles por violencia, el año pasado, de acuerdo a un “conteo oficial”, mientras que en territorio nacional, en el mismo lapso de tiempo, “la cifra de asesinatos ascendió sobre los 16 mil”.
Nada escribe el articulista, Simón Romero, sobre el organismo que realizó el conteo oficial en Iraq. En cuanto al número de decesos en Venezuela, ni siquiera refieren si los números son extraoficiales.
Pero lo peor de la manipulación del New York Times, es que se apoya en informaciones sobre Iraq, cuando jamás ha publicado noticias sobre las cifras reales de muertes violentas ese país desde que fue invadido por tropas del gobierno de los Estados Unidos.
En este sentido el periodista chileno Ernesto Carmona, responsable del Proyecto Censurado para América Latina, ha escrito que el informe del grupo investigador correspondiente al año 2009, revela que en cinco años de ocupación en Iraq, EEUU ha ocasionado la muerte de un millón 200 mil civiles, “según una investigación en el terreno difundida por la publicación médica británica The Lancet”. Esto equivaldría a un promedio de 240 mil muertes por año, nada menos que unas 235 mil más de las que reseña el New York Times.
Desde hace 34 años, el Proyecto Censurado publica anualmente un libro de alrededor de 500 páginas sobre los más relevantes temas de importancia mundial, que los poderes imperiales desean ocultar.
“Para el sociólogo Peter Phillips, director de Proyecto Censurado, los medios corporativos de Estados Unidos son mera propaganda de arriba abajo y se niegan a investigar incluso las mayores hipocresías que tienen lugar en ese país, como los fraudes electorales de 2000 y 2004, los 1,2 millones de iraquíes que han encontrado la muerte después de la ocupación, los incrementos del 300% de las ganancias obtenidos en la ocupación de Iraq por empresas como Lockheed Martin Corporation, y las jugosas utilidades que logran corporaciones como Halliburton del negocio que Estados Unidos hace de la guerra”, sostiene Carmona.
Derecho a réplica en Venezuela
En nuestro país, The New York Times ya ha tenido que dar un derecho a réplica. Fue el 20 de agosto de 2007(según reseña de Aporrea.org). El derecho correspondió al profesor de la Universidad de Oriente Steve Ellner, quien manifestó que era falsa la interpretación una declaración personal citada en un artículo de Simón Romero (el mismo que firma el artículo del pasado lunes).
El artículo de Romero descalificaba la propuesta de reforma constitucional. El politólogo Steve Ellner desmintió que el anteproyecto de reforma implicara un mayor control de la sociedad por parte del Estado, tal y como asegurara el articulista del diario estadounidense en un reportaje publicado el 15 de agosto de 2007. El catedrático aseguró haber sido mal citado en dicho reportaje.
11 años de ataques
Como lo hizo en el editorial dedicado al golpe de Estado de abril de 2002, The New York Times vuelve a mentir al distorsionar la realidad del país en materia de seguridad ciudadana. En aquella oportunidad el rotativo publicó, entre otras mentiras, que “con la renuncia del presidente Hugo Chávez el día de ayer (11 de abril), la democracia ya no se encuentra amenazada por un dictador potencial”.
La saga de escritos que buscan desprestigiar al Gobierno Bolivariano data del inicio mismo del mandato del mandatario nacional. En su artículo “El New York Times contra el presidente Hugo Chávez”, el analista Stephen Lendman advierte que Chávez es prácticamente el “enemigo número uno” en la lista de víctimas de The New York Times y The Washington Post.
Acto seguido expone las razones de los recurrentes ataques: “Venezuela es un país rico en petróleo y Chávez es la mayor de todas las amenazas a que se enfrenta Estados Unidos: un buen ejemplo que se propaga. Su gobierno demuestra cómo funciona la verdadera democracia social y expone la falsedad de la estadounidense”, algo que es “intolerable para los amos del universo y su principal defensor mediático, el New York Times, que siempre lleva la batuta mediática para que el mundo sea seguro para los ricos y poderosos”.
Servilismo periodístico
En cuanto al periodista Simón Romero, Lendman recuerda en su artículo que en febrero montó un escándalo con la compra de armas por Venezuela. Romero inició el texto afirmando que “el gasto en armas de Venezuela se incrementó en más de cuatro mil millones de dólares (…) para ubicarse como la principal nación latinoamericana compradora de armamento”. El trabajo, que incluye sugerentes comparaciones con Irán, revela que la información proviene de Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA por sus siglas en inglés). “La poca fiabilidad de la fuente hace que se cuestione la veracidad de la información y lo que pueda haber tras ella”, resalta el analista.
Añade, que “la cifra mencionada se refiere solamente a lo que Venezuela gasta en armamento, no a su gasto militar total. Lo que no se menciona es que el gasto militar de Venezuela es menos de la mitad del de Argentina, menos de una tercera parte del de Colombia y una duodécima parte del de Brasil”, según las cifras Centro de Control y No Proliferación de Armas, el cual “también informó que el presupuesto militar de Venezuela en 2004 fue de mil 100 millones de dólares, lo que convierte a la cifra de la DIA dada por Romero en falsa y en un intento por dibujar a Chávez como una amenaza regional que debe ser contrarrestada”.
Sobre el mismo reportaje, la página Aporrea.org compara a Simón Romero con Judith Millar considerada “la periodista del Pentágono” y a quien se señala de forjar la historia sobre la supuesta proliferación de armas de destrucción masiva que sirvió de base para la invasión de Iraq.
Vale recordar que el 27 de mayo de 2004, The New York Times pidió disculpas a sus lectores porque su cobertura de la guerra “no fue tan rigurosa como debía ser” y admitió que publicó “información sobre las supuestas pruebas de armas de destrucción masiva sin tener en cuenta que sus fuentes (opositores al gobierno iraquí) tenían un gran deseo de lograr que Saddam Hussein fuese derrocado”.
Yeneiza Delgado