Cuentos del Arañero

Publicado: 08/03/2013

Cuentos del Arañero

¡Es el infierno aquí!

Como siempre, está la masa del pueblo y yo me echo encima de la masa, me abrazo con ella, sudo con ella, lloro con ella y me consigo. Porque allí está el drama, allí está el dolor, y yo quiero sentir ese dolor, porque sólo ese dolor, unido con el amor que uno siente, nos dará fuerzas para luchar mil años si hubiera que luchar contra la corrupción, contra la ineficacia, y por el bien de un pueblo que es un pueblo noble, digno, valiente como el pueblo venezolano.

No hay que buscar mucho para conseguir la tragedia. Ayer, una mujer con su hijo en brazos –esto es increíble, pero es cierto–, al niño lo operaron mal hace no sé cuántos meses y tiene abierto el abdomen. Ustedes no me van a creer esto, pero yo lo vi con estos ojos. La señora anda con su niño con una bolsa plástica pegada a su vientrecito flaquito, y están las vísceras en la bolsa. ¡Es el infierno aquí!

Yo veo aquel cuadro dantesco y otro niño más atrás, también en brazos de la madre, y la cara desfigurada por aquí. La quijada por un ladito ahí y la cabeza desfigurada. Creo que un caballo le dio una patada y le fracturó la quijada, se la abrió en dos. Se le curó sola, porque la madre no consiguió quién lo atendiera. Entonces está deforme el niño, tiene como dos quijadas. Eso está pasando aquí delante de alcaldes, de gobernadores, de presidentes, de médicos, de todos.

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Génesis

Es como aquella niña. ¡Ay!, aquí la llevo. Se llamaba Génesis. Un día, en un acto, me llegó corriendo entre el público. Creo que fue en el Poliedro. Fue y me abrazó. Ella tenía un cáncer en el cerebro. Y me dicen que no le queda sino un año de vida. ¿Qué hago yo por esta niña, Dios? Ella me regaló una bandera, allá la tengo y la tendré conmigo hasta el último día de mi vida, porque esa bandera es ella que está conmigo. Ella me dijo: “Chávez, toma mi bandera”. ¡Ah! ¡Qué dolor cuando supe la realidad! Hablé con Fidel y le hicimos un plan. La mandé pa’ Cuba con la mamá. La pasearon, la hicieron pionera. “Seremos como el Che”, dijo. Yo tengo hasta el video. Fue feliz hasta el último día de su vida. ¿Ve?, ¿qué más uno puede hacer? Es un angelito que anda por ahí cuidándonos. Allá está hecha bandera y aquí está hecha vida, Génesis.

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No volverán

Imagínense que esa gente regresara a gobernar el país, sería el caos más grande. Por eso más nunca volverán. Volverá Rintintín, volverá Supermán, volverá Tarzán y puede ser que vuelva Kalimán. Pero, esa gente, no volverá. ¡No!

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Un angelito

Recuerdo el caso triste de un niño que finalmente murió. Un niño al que conocimos Marisabel y yo el 24 de diciembre de 1998. Un muchacho, cuarto bate de un equipo de béisbol. Había perdido una pierna, lo llevamos a La Habana y pasó tres meses allá con su mamá. Fidel fue conmigo a visitarlo cuando estuvimos en enero de 1999. Estaba feliz. Hay una foto jugando al béisbol. Pero no había nada que hacer. Era una enfermedad terrible. Finalmente vino a morir aquí y hoy es un angelito.

No olvido su sonrisa, sus ojos, su foto de cuarto bate, pero no se pudo hacer más nada. Cosas de Dios, decimos nosotros los católicos. Un muchacho grandote, sano se veía. De repente, un día dio un batazo, iba corriendo por segunda y se cayó, le dolía mucho una rodilla. Por ahí comenzó un cáncer en los huesos. Él me contaba y el papá contaba que tenía dolores, pensaban que era del juego. Y los médicos en Cuba decían que si se hubiese hecho exámenes un año antes, a lo mejor se hubiese actuado a tiempo. Pero cuando ellos actuaron ya aquí le habían cortado una pierna. Y allá no pudieron hacer más nada, había avanzado mucho la enfermedad. Cuántos niños pierden la vida porque no hay prevención, no hay atención. No sólo eso, sino cuando se le descubre una cosa grave tampoco se le atiende, porque no puede pagar.

Anuncio algunos de los detalles, y esto va a ser muy importante para nuestro pueblo. Voy a utilizar mucho el avión presidencial para enviar a Cuba a venezolanos. Será todos los meses. ¿A qué? Bueno, allá los operarán y no nos van a cobrar nada, les vamos a pagar con un porcentaje o algo de petróleo o de derivados del petróleo. Eso es parte de los acuerdos que vamos a firmar dentro de pocos días con el buen amigo y tremendo líder de América Latina, que se llama Fidel Castro.

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Me iban a matar

Los pobres viejos estuvieron en Palacio esa noche y mi madre me dio un mensaje de fortaleza pocos minutos antes de salir prisionero. Le dije a Marisabel: “Vete a Barquisimeto”, cuando la cosa estaba ya calentándose al rojo vivo. Salió con Rosinés, Raulito, su mamá. Y mis hijos más grandes, Rosa, María y Hugo, con un grupo de oficiales amigos. Los llevaron también a esconderlos en otro sitio, y yo a esas alturas no sabía nada de ellos. Entonces, me prestaron un celular, no me sabía los números. Le dije: “Mira, hazme el favor completo, consígueme los números de la familia”. “Pero, ¿dónde?”. “Bueno, llámate a alguien allá en Palacio” y la central telefónica. El coronel me da el celular prestado por un minuto, dos minutos. Ahí medio guilla’o y empiezo a marcar. No me cayó Marisabel, ni mi mamá, ni mi papá. Los celulares andaban muy mal. Gobernación de Barinas y el número era equivocado, era una casa de familia en Barinas, que deben recordar mi llamada. A lo mejor no me creyeron. Yo le dije: “Soy el Presidente preso; ¿con quién hablo?”. No, no, no sé qué. Me atendieron realmente, pero creo que no creyeron que era yo.

Luego cayó María Gabriela. Estaban en casa de unos amigos, en una playa por aquí, escondidos. Y le digo: “Dios te bendiga. ¿Cómo estás? Otra vez preso”. María tiene mucho temple y me dijo: “Bueno, que Dios te cuide, papá. Mucho juicio. Estamos bien. ¿Qué puedo hacer?”. Le dije: “María, solo te pido algo, cuídate primero que nada y, segundo, mija, llama al mundo, a quien tú quieras, no sé a quién, a un periodista, dile al mundo, o si llega a pasarme algo incluso, si no puedo hablar contigo más nunca, diles que nunca renuncié al poder que el pueblo me dio. Diles que soy un Presidente prisionero”. Y la pipiolita empezó a llamar gente y eso corrió por el mundo.

A los pocos minutos Marisabel cayó por allá, estaba en Barquisimeto, escondida en casa de unos amigos, en las afueras. Y los muchachos descansando. “Estamos bien, no te preocupes, aquí preocupados por ti”, y qué sé yo, un beso. Le dije: “Marisabel, cuídate, cuida a los niños, ten la calma, yo estoy bien, pero no tengo garantías de nada. No sé qué va a pasar esta noche”. Yo tenía la sensación y la certeza de que esa noche me iban a mover a otro sitio y no sabía para qué, porque estaban sueltas todas las fuerzas de los diablos. Yo llegué a confesarme ante Dios, porque estaba seguro de que me iban a matar.

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El V-100

(…) Aquí lejos del mundo aquel

aquí donde solo me han dejado

conversando con líbero fantasma

aquí donde el Centauro en un tropel lanzó la inspiración

que nos brotara en uniforme azul, con guantes blancos

una espada y una esperanza.

Aquí en la otra cara de la Patria

aquí en las riberas del Arauca esta mañana

recibí un lanzazo que me partió el alma.

Esta mañana, Rafael Moros, hijo mío, de mi palabra

de mi siembra allá regada

esta mañana supe de tu marcha.

Te fuiste, Rafael, hacia el otro mundo

Te fuiste “V-100” hacia el otro mundo

aquí tus centauros seguimos el rumbo

a tu tumba grande llegaremos juntos

algún día cantaremos vivos y difuntos

el canto inmortal

nuestro canto profundo.

Adelante centauros, al galope

con la lanza en alto

hacia el horizonte del siglo XXI.